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domingo, 26 de enero de 2014

La pareja. ¿cielo-infierno...?

La pareja: ¿cielo-infierno...?

“-¿Que haces tú para sobrevivir?
  -Siempre disfruto de la belleza...”
James Bond[1]
Decía Jean Paul Sartre, el célebre existencialista francés, que “el infierno es el otro”. Bueno, puede ser. Aunque otros han dicho, no con menor razón, que el verdadero infierno es en realidad el no - otro, la incapacidad de amar; y, más en general, la imposibilidad de relacionarse verdaderamente con personas reales. Cuando las sustituimos imperceptiblemente por encarnaciones de los propios fantasmas, por proyecciones personales disfrazadas de congéneres.
Más recientemente, valga la anécdota como complemento a la introducción, ha llegado a las pantallas de cine un biopic sobre el pintor británico Francis Bacon que se titulaba en castellano “El demonio es el amor”. Excelente ejemplo visual, en la película, de la incapacidad de estimar de verdad, que llega a transformar al ser amado en objeto del propio capricho, que confunde el amor con el deseo (que no es para nada la misma cosa, desde luego) y que acaba lógica y significativamente con el suicidio del amante.
 “Hay sin embargo en el amor, en todo el amor, sea esa furia física, o ese espectro, o ese genio de diamante que nunca murmura un nombre parecido a frescura, hay sin embargo en el amor un principio fuera de la ley, un sentido irreprimible del delito, el desprecio de la prohibición y el gusto del saqueo”[2]
Sea pues que el demonio sea el otro o que el demonio sea el amor, podríamos decir que ambos caminos convergen en la pareja, en el sentido de que ésta fuera un Otro de Amor, o un Amor de (a) Otro. Detengámonos por un momento en este aparente juego de palabras.
Si la pareja es Un Otro de Amor, tal como estoy proponiendo, lo andaremos buscando como locos, puesto que el Otro que conocemos es precisamente Un Otro de Desamor, en la mayoría de los casos. Un Otro de Falta... dice Lacan. En mis palabras un Otro de Falta... de amor. Una entelequia sin corazón. Un personaje, no una persona. Alguien / Algo puesto como alien, precisamente. Recordemos la película del mismo título: “Alien”. Surgido en el proceso de constitución del yo como alienado y como alienante, pero que es en realidad una voz nuestra deformada que no podemos reconocer fácilmente como propia. Me parece que esta es una de las grandes aportaciones de Lacan, el concepto de Otro y su papel fundamental en la constitución del yo. Desde luego. Desde entonces.
Hemos, quien más quien menos, construido un fantasma, con aspectos terribles en un plano poco o nada accesible a la conciencia (al darse cuenta, percatarse o caer en ello), que nos está diciendo - de manera harto imperceptible, he ahí el truco - “No” la mayoría de las veces, en la mayoría de las situaciones, en la mayoría de pensamientos, sentimientos, deseos y acciones. “Eso que tú estás... pensando, sintiendo, haciendo... NO... es bueno, útil, inteligente, oportuno, decente, adecuado, sano, propio de ti...”. Ese famoso Super-Yo o Super Ego, “eso que se disuelve en alcohol” como dice Juan José Albert, una de las definiciones más brillantes que he oído al respecto. Con diferencias, el Mandón ó Perro de Arriba (underdog) en gestalt.
Así que es lógico que busquemos otro Otro, un Otro de Amor esta vez, presumiblemente. Alguien con quien poder vivir el Sí. Poder “asegurarnos” - y ahí empiezan los problemas... ñ la posibilidad de recibir, periódicamente al menos, como mínimo una dosis autoñadministrada ñ pero en presencia y bajo la mirada de otro - de amor; o una dosis ajena accesible por próxima y cotidiana, viviendo en la misma casa y bajo el mismo techo. Una dosis de “Sí... es Ok eso que estás pensando, sintiendo, haciendo, deseando”. Un Gran Apoyo en la vida. Un Gran A-poyo.
Un Gran “A”: “ a / A: Se trata de la primera letra del alfabeto lacanista. (...) El primer lugar que ocupa en la serie alfabética es seguramente el que sirve para designar con esta letra a minúscula el lugar originario del deseo, de su pulsión, como contradistinto de la necesidad: a representa el objeto del deseo y el objeto causa del deseo a la vez, objeto perdido, en la medida en que con este símbolo y concepto se marca el déficit constitutivo, el carácter de <eternamente ausente que este objeto a supone... inscribiendo la presencia de un vacío que cualquier objeto podrá venir a ocupar>”[3]“Con su intervención, el otro refiere de modo inmediato al niño a un universo semántico y a un universo discursivo que es el suyo (es decir el del Otro). A este respecto, el otro que inscribe al niño en este referente simbólico se reviste él mismo en el lugar del niño como un otro privilegiado: el Otro (Autre)”[4]
(Me doy cuenta de que estoy “jugando” con la polisemia del término Otro/otro, y eso puede crear una cierta sensación de confusión en el lector, por cuanto el vocablo no tiene siempre el mismo universo semántico en cada uno de sus usos en esta parte del texto. Ruego al lector que acepte el juego momentáneamente, y que disculpe una frivolidad que en el fondo, a fuer de ser sinceros, no me disgusta del todo y que, sobre todo, me parece hasta un cierto punto necesario para lo que pretendo decir. Dicho esto, sigamos)
Pero también la pareja es Un Amor De / A Otro. Quizá esa polaridad señalada a ambos lados de esa barra sea una buena metáfora del Camino de la Pareja, de la Gesta (QuÍte en francés, Quest en inglés) de la Pareja, de lo que ocurre - o no y forma parte principal del asunto el cómo manejarlo - en las parejas que triunfan, que se consolidan, que crean y recrean la vida.
Entonces podríamos decir que de lo que se trataría en la pareja es de pasar y transitar, pues, del amor de Otro al Amor a otro. Pasar de un pequeño amor a un Gran Objeto, que todo lo devora y todo insatisface, a un Gran Amor a un pequeño objeto, es decir a una persona cualquiera, a la persona que elijo amar, donde elijo depositar mi amor conyugal, mi amor a hombre o mi amor a mujer, con quien me propongo aprender a amar con todos los colores del arco iris. Que no entiende uno a estas alturas de la vida que pueda ser de otro modo. Pues la luz no parece elegir ni prohibir colores. Solo luce... o no.
Pasar entonces de poner el énfasis en lo que recibimos, con lo que damos como fondo, a ponerlo en lo que damos, con lo que recibimos de fondo. Pero no tanto por moralina, mojigatería, o falsa generosidad  (“hay que ser buenos y amar al prójimo” y todas esas cosas... que también, claro) Sino, sobre todo, por haber vivido y registrado adecuadamente la experiencia de que “lo que más me nutre es lo que doy”, bien dado, en todos los sentidos de la expresión “bien dado”.
Ir pasando en la vida de entender el amor como el amor que me llega, a entenderlo más bien como el amor que hago llegar, pues es el ser conscientemente amante/amado el que está satisfecho. Siempre con el que recibo como fondo en un buen equilibrio ( que se desajusta continuamente, claro, como la vida) Lo divino y lo diabólico, juntos, funcionando continuamente; como (casi) siempre, por cierto...
“El Amor es insensato, no razona.
La Razón busca un beneficio.
l Amor se te declara,
consumiéndose, inmutado.
(...)
Sin causa, Dios nos dio el Ser;
sin causa, devuélvelo otra vez”[5]
Así que, volviendo a nuestro hilo discursivo, digamos que muchas personas podrían afirmar que el diablo es la pareja (que “la pareja es un infierno”, vamos...)  Así es también para quien escribe... en parte. Así es mi experiencia en el asunto, en efecto, con las dos mujeres con quien me parece haber decidido ir aprendiendo a amar. Diferentemente, desde luego (¡ Ay, Dios, qué difícil ¡) Recordemos en este sentido de lo infernal de la pareja los viejos chistes populares sobre el matrimonio, sobre el casarse y morirse a la vida del deseo, especialmente para los hombres, claro, en una cultura patriarcal como la nuestra...
Pero también encontraremos muchas personas que dirían de la pareja que más bien es el cielo. También estoy de acuerdo con eso, “¡vive Dios!”...  que decían los antiguos. O personas que dirían que la pareja es al menos un lugar tan deseado como ese archinombrado mundo de nubes, el cielo algodonoso y angelical, sobre todo para quien no la tiene (la pareja), para quien no la suelta para nada y de ninguna manera, o para quien sólo la imagina para no vivirla, sobre todo.
 En ambos casos ( pareja = infierno, o pareja = cielo) se trata en realidad de posiciones fundamentadas en lo que en la clínica psicoterapéutica se llama narcisismo ( ¡vaya, hombre... donde hemos ido a parar¡), una enfermedad altamente extendida en nuestros días consistente en “tener los músculos de la nuca agarrotados y no poder levantar la mirada del propio ombligo “ Bueno, del supuesto propio ombligo, que en realidad tampoco es nuestro, sino que llevamos ahí, sin darnos cuenta, la foto de mamá o el retrato de papá pegadito con cola de “impacto” (nunca mejor dicho...) sea para besarla, sea para escupirla, o para ambas cosas alternativamente o a la vez. En cualquier caso, dedicando gran parte de la vida emocional a ello. Mal  negocio... pero negocio; más frecuente de que lo parecería empresarialmente rentable, dicho así. Pero negocio que existe.
Otros han propuesto, por último, que la pareja es una escuela[6], una gran Escuela de Trabajo Interior donde aparecen una y otra vez los aspectos mejores y peores de las gentes, como una oportunidad para trabajar con ellos de un modo harto particular y mejorarse como personas. Otra vez asiento, esta vez especialmente. Muy especialmente. En una versión quizás más prosaica de esto último coincidirían probablemente los que acertaron a conseguir la pareja, a conservarla y, sobre todo, a gozarla sufrirla, es decir, a vivirla tal cual y a sentirse satisfechos de su opción. Posición no más valiosa, pero tampoco menos, que los que optaron por una alternativa diferente.
O sea, que la pareja es en cualquier caso trabajosssííísssima, cansadííísssíma; requiere un esfuerzo de mantenimiento y puesta al día prácticamente constante o, cuanto menos - como sabemos los terapeutas y los que hemos optado por ese modo de vivir y de aprender - periódico u ocasional cuanto menos. Y a veces se rompe. Y ya.
También hay excepciones. Parejas que simplemente están juntas toda la vida y están bien; y que han hecho todo esto de una manera natural, espontánea, prácticamente sin enterarse y poco les importa, desde luego. Tienen razón, seguramente porque tienen o han tenido “gracia”. ¡ Quién no se ha emocionado con esas parejas de abueletes que llevan juntos toda la vida, que discuten y se callan con el mismo honor y rigor, que parecen funcionar con un ritmo conjunto extrañamente integrado ¡ y  que se miran de vez en cuando... ¡de una mannneeeraaa!
El Nosotros
 “Nacisteis juntos y juntos permaneceréis para siempre. Aunque las blancas alas de la muerte dispersen vuestros días. Juntos estaréis en la memoria silenciosa de Dios. Más dejad que en vuestra unión crezcan los espacios. Y dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros. Amaos uno a otro, pero no hagáis del amor una prisión: mejor que sea un mar que se mezca entre las orillas de vuestra alma. Llenaos mutuamente las copas, pero no bebáis sólo en una. Compartid vuestro pan, más no comáis de la misma hogaza. Cantad y bailad juntos, alegraos, pero que cada uno de vosotros conserve la soledad para retirarse a ella a veces. Hasta las cuerdas de un laúd están separadas, aunque vibren con la misma música. Ofreced vuestro corazón, pero no para que se adueñen de él. Porque sólo la mano de la Vida puede contener vuestros corazones. Y permaneced juntos, más no demasiado juntos: Porque los pilares sostienen el templo, pero están separados. Y ni el roble ni el ciprés crecen uno a la sombra del otro”[7]
 Por que será, pues, que la pareja es el crisol de todo este mare - magnum, de este gran mar de pasiones... ¿  Bueno, digamos que una manera sencilla de decirlo sería pensar que la pareja es el gran lugar de intimidad, el entorno en el que más íntimos nos ponemos los humanos, la situación que elegimos preferentemente las personas para abrirnos y soltarnos con otr@, para encauzar nuestra fragilidad y nuestra vulnerabilidad máxima. El encuadre que solemos preferir para disolver nuestra individualidad y tener acceso a una experiencia del nosotros, presuntamente amorosa. Pero presuntamente amorosa, si podemos llegar a entender el amor como producto de la Ley del Deseo, complicadita ley. O sea siempre que en la letra pequeña del contrato también incluyamos el odio, y aprendamos a atravesar y a enriquecernos de ambas cosas.
Experiencia del nosotros, del “algo / más / que / yo”,  en ambos sentidos del adverbio más: el que evoca mayor que, y en el que evoca otra cosa que yo. Una experiencia que está en la base y constituye probablemente un fundamento esencial de la vivencia de Dios, de la espiritualidad, de la experiencia religiosa, del re-ligarse con. Y ésta me parece algo tan necesario a la vida como el comer o el dormir. Aunque, como decía Maslow, con diferente jerarquía según el entorno de la persona. Sea como sea que uno le llame o se lo cuente a sí mismo: Energía, Humanidad, Naturaleza, Dios, Tao, Vida, Azar, Cosmos, Budeidad, Solid ñ aridad... Por cierto, que esta última palabra nos lleva etimológicamente a estar soldados o devenir sólidos estando juntos, a través de una “entera comunidad de intereses y responsabilidades”[8]
“Discutible” dirán algunos. Por supuesto. Afortunadamente. Sólo así se mantiene vivo ese gran asunto. De otro modo es fácil que lo vivo se con- vierta en institución, que se vierta el líquido de la jarra que lo contiene. Y ahí se suele morir a la vida y transformarse en “algo raro” ( sectarismo, fanatismo... “ismo”: tomar el todo por la parte y la parte por el todo, tomar el objeto por la esencia y ver la esencia en el objeto... en el mal sentido o sentido confusional de todos estos términos) Casi todos los que hemos intentando o participado alguna vez en algo así hemos cojeado, cojeamos o cojearemos del mismo pie. ¿No le parece al lector...?
 “De acuerdo con las prescripciones del Islam, Rûmí nunca hizo diferencias entre las tradiciones. Por lo demás, todos los habitantes de Konya, sin excepción, acudieron a sus funerales. En una célebre sura del Quor‚n, Dios dice: < Atestiguo la verdad de esto por la higuera, por el olivo, por el monte Sinaí y por este país bendito>. Los comentarios más antiguos explican que la higuera es aquella bajo la cual Buddha recibió su iluminación; el olivo es el Huerto de los Olivos de Jesús; el monte Sinaí es Moisés; y este país bendito, La Meca”[9]
 Y, si bien esa experiencia del nosotros, tan esencial a la vida humana como estoy proponiendo (en realidad entonando una vez más como tantos otros, esta vez con mi voz, más o menos...) esa experiencia digo, la podemos vivir asimismo de otras maneras (fundiéndonos con un grupo, partido político, empresa, colectividad, amigo, nación, idea, proyecto, etc...) es en el “uno más uno, igual a tres” de la pareja donde encontremos seguramente su expresión primaria.
Quizás sea de esa manera que podamos entender (también), de un modo simple, por qué algunos dicen que el matrimonio es un sacramento, es decir algo sagrado: entre otras cosas, porque sagrada es la creación de algo ( honorable si es noblemente) y, desde luego, en la creación, en ese sacer facere en este caso de ese nosotros de la pareja, un ser plural no existente hasta entonces, reencontremos probablemente una parte divina de lo humano, el aspecto creador no-objetual de las personas y de los grupos, sin el cual quizás la existencia sería tan insípida... y tan difícil. 
Pero claro, quid pro quo, intimidad por intimidad (y volvamos a la pareja) necesariamente evocamos en ella más o menos conscientemente la otra gran situación de intimidad que tuvimos cuando éramos niños: la familia de origen, el vínculo fundamental con la madre, el padre y los hermanos cuando los hubo; además de con la familia extensa ( abuelos, tíos, primos, vecinos, amiguitos...) y con la cultura y lo social en un sentido más amplio.
Así que es fácilmente entendible desde ese punto de vista que en la pareja repitamos sin darnos cuenta los guiones, roles y automatismos que incorporamos cuando estábamos construyéndonos como personas. Hábitos y patrones probablemente útiles entonces ya que nos evitaron la muerte, enfermar más o menos gravemente, o la locura. Pero que al pasar de agudos a crónicos, de constituyentes a inconscientes, de pertinentes a inadecuados por automáticos (por haberse convertido en in - pertinentes) devienen en un lastre que nos hace confundir con mucha facilidad a nuestra mujer con nuestra mamá o con nuestro hermano menor, a nuestro marido con nuestro padre (o su opuesto) o con aquella abuela que fue tan importante en nuestra infancia. Como iconos totales o parciales, referidos a algunos o muchos aspectos. Problemas de la “maravillosa” fusionalidad del nosotros...
Decía hace poco una participante en un grupo terapéutico, en uno de los escritos que formaban parte del trabajo:
“ Para mí ha sido realmente fulminante ver cómo repito con los hombres <lo pendiente con mi padre>, como decís vosotros. Hasta hace poco yo siempre pensé de mí, y presumí ante mi gente, de ser una persona muy libre. Me sentía libre porque no me enganchaba en ninguna atadura afectiva. Siempre llegaba con los hombres hasta donde yo quería - o hasta donde yo creía que quería, visto desde lo que estoy viendo estos días... ñ y me sentía supersatisfecha y ufana de sentir que era yo quien llevaba las riendas de mis relaciones. Me sentía (y todavía me siento en gran parte, tengo que reconocerlo), como una mujer madura libre de los rollos y convencionalismos sociales, capaz de diseñar autónomamente el tipo de relaciones con los tíos que yo quería. Tatatín...  Bueno, creo que no es así. Para nada... En realidad me resulta bastante claro cómo esa mujer superguay, esconde una niña dolida e insatisfecha, “colgada de la mirada de su papá”, que busca en los hombres aquello que tuvo y perdió. ¡Qué doloroso recordar todas las camas que he visitado para finalmente sentirme siempre vacía...! (...) Eran sus ojos lo que yo buscaba y no sus sábanas. Pero siempre supuse - sin darme cuenta de que tenía instalado en el coco ese pensamiento - que nunca podría obtener “aquélla” mirada sino ponía las tetas - con perdón - por delante... Hoy empiezo a ver, mejor a sospechar que, como dice aquella canción que escuchamos, “ lo que está bien perdido ni se busca ni se encuentra...”. (...) Es muy doloroso, y al mismo tiempo, extrañamente, es como un soplo de aire fresco. Entre otras cosas porque la siguiente sospecha es que quizás también yo tenga alguna mirada que ofrecer. Y que éste pueda valer la pena para alguien, sin o con mis tetas por delante.”
No siempre tenemos la suerte de llegar a clarificar tanto las cosas, pero el eje de lectura es siempre el mismo, o al menos muy similar en la mayoría de los casos. Digámoslo de nuevo de forma resumida:  Solemos pensar, sentir y actuar con nuestra pareja, imperceptiblemente, he ahí el meollo, según un patrón preestablecido, más automático de lo que pudiera parecer. Patrón o guión construido durante los primeros años de nuestra vida, en función de nuestra relación fundamental con nuestra figura materna y nuestra figura paterna, y más en general con el entorno.
La figura materna no es exactamente la persona de la madre, aunque es a partir de ella fundamentalmente (pero no sólo) que construimos el Personaje Mujer, digamos, y también el Personaje Otro con el que vamos a inscribir los patrones vinculares fundamentales de nuestra vida, las micro-pautas automáticas que están presentes o se disparan en determinadas situaciones de contacto con los otros y con el mundo. Algo similar ocurre con la figura paterna y el padre. Sobre esto abundaremos en el capítulo 11 al abordar el concepto del Nombre del Padre en Lacan.
En cualquier caso digamos que son figuras análogas a un personaje de ficción elaborado a partir de retazos de nuestro padre /madre real, pero sobre todo a partir del tipo de vínculo establecido. Así como, en menor medida en general, a partir del establecido con los otros personajes importantes de nuestra infancia: abuelos, tíos, primeras maestras y maestros, hermanos, amigos importantes a quien les hemos atribuido un lugar de referencia en nuestro olimpo particular, etcétera.
Dicho de otro modo, construimos inconscientemente una idea de hombre  y una idea de mujer con la que nos vamos a relacionar durante toda nuestra vida, como un esclavo con su cadena. Recuerdo con frecuencia a este respecto lo que me decía mi analista muchos años después de separarme de mi primera mujer: “ Tu no estás colgado de X, estas colgado de la idea de matrimonio con X”. Todavía hoy resuena con fuerza aquella frase.
Idea de hombre o de mujer, así pues, a obtener a cualquier precio, de la que huir como del fuego, a la que dominar sea como sea, por la que ser doblegad@ cueste lo que cueste. Contra quien vengarse por el abandono, la violación o el abuso de El/Ella. A quien esperar durante toda la vida como al príncipe azul; a quien despertar inexorablemente ñ repito, inexorablemente, ahí está lo fundamental del asunto -  como a la bella durmiente... 
Dice Paco Peñarrubia: “ Confluencia. Consiste en la pérdida de límites entre uno mismo y el entorno, fundiéndose con el afuera. El confluyente es el que se queda pegado, el que confunde identidad con unión, comulgando ñ sin diferenciación - con los sentimientos, ideologías y conductas del otro o de su grupo de referencia”[10] Y continúa citando a Perls: “La confluencia implica la no-existencia, o el no darse cuenta, de los límites. La confluencia en el adulto es fijación sado-masoquista disfrazada de amor. El odio es la codicia frustrada de confluencia. El contacto es la apreciación de las diferencias”[11]
Sin darnos cuenta. Todo esto suele ocurrir de un modo harto imperceptible. Porque en la medida que nos vayamos dando cuenta la cosa puede empezar a moverse. De darnos cuenta en el sentido de  otorgarnos la posibilidad de registrar ( contar, como quien hace palitos en un árbol o en una libreta) la experiencia, de manera que podamos recordarla después, cuando se vuelva a repetir.
Entonces puede ser, o no, que las cadenas se puedan ir disolviendo, y que las ideas se puedan ir convirtiendo primero en encarnaciones más reales y después, paradójicamente, en humo que se puede llegar a deshacer como el viento...  algunas veces, hasta cierto grado, más o menos...
Ahora bien, seamos cautos: sea como sea siempre van a estar ahí. Sin embargo su influencia en nuestra vida y en nuestro hacer pueden ir cambiando en la medida en que las vayamos conociendo. Digamos que pueden llegar a ser más manejables y, por lo tanto, conforme vamos ganando saber sobre nosotros mismos, podemos ir ganando libertad interna, entendida ésta como la posibilidad de pensar, sentir y actuar desenganchado incluso de uno mismo, y no sólo del Otro (padre, madre, sociedad, pareja, estado, etnia, nación, partido, grupo...) Que no es poco.
Una manera experiencial de entrar en ello
 Veamos un ejemplo práctico. Quiero advertir que lo que propongo a continuación es algo más que un ejercicio. Se trata de un resumen de un trabajo que solemos realizar en algunos cursos y talleres[12], que está pensado para ser llevado a cabo con la ayuda de un terapeuta o, al menos, de alguien que ya conozca el asunto porque lo haya experimentado suficientemente; y de alguien con la suficiente capacidad para sostener a una persona que se puede llegar a poner a veces muy loquita.
Es un “no-ejercicio” que, para que funcione, implica una apertura emocional, corporal, mental y anímica que puede asustar o inquietar a las personas con poca práctica en ello, y que puede distorsionar a personas con la salud mental alterada. Sea esto por la mucha intensidad o sea por su déficit. Es decir, que si uno no se siente seguro, no se abre; y si no se abre no ocurre nada de lo que se supone que tendría que ocurrir. Mi consejo pues es buscar un@ terapeut@ o, en su defecto, una muy buena y experimentada compañía, teniendo en cuenta las diferencias que existen entre ambas opciones. Que, como las meigas, “haberlas hay-las...” Dicen que quien avisa no es traidor, y los años de experiencia profesional le dan a uno una mucha prudencia... Dicho esto, vamos a ello:
0. Busca un lugar tranquilo y acogedor que te permita relajarte, aislarte de interrupciones y tener al menos un par o tres de horas garantizadas de soledad. Yo le llamo buscar un “nido”. Un lugar donde te puedas sentir segur@, un lugar donde te echarías una siestecita o te pondrías a escuchar tu música preferida, o a leer un libro que te gustara o a meditar si acostumbras. Donde sientas que estás en confianza y puedes bajar la guardia.
Si eres un hombre déjate evocar la figura de tu madre; si eres una mujer la de tu padre. A veces también exploramos el vínculo hija-madre e hijo-padre, con resultados sorprendentes y por elaborar todavía. A modo de aperitivo decir algo bastante evidente: Los vínculos hijo-padre, por ejemplo, muestran un tipo de relación muy primaria que no está recogido, para nada, en lo que se llama complejo de Edipo. Aparece con frecuencia lo que podríamos denominar el padre antes del Edipo, u otro padre que el padre-rival por la madre. Dejaré para otro momento, una vez más, el entrar adecuadamente en ello.
Entonces, escribe en un papel todo lo que no te gustaba de ella/él cuando eras pequeñ@ en forma de rasgos de una lista; todo lo que consideras o considerabas negativo, dañino, molesto; todo lo que, según tú, hizo mal, equivocó. Todo lo que le criticas (o le criticarías si te dejaras, o pudieras no dañarle, o te arriesgaras a ello sabiendo que es sólo un ejercicio) Escríbelo con la máxima intensidad odiosa de la que seas capaz (si exageras es más fácil) y, en la medida que sepas, dejándote sentir las emociones que acudan a ti mientras lo escribes. (Recuerda que es algo secreto, que no está pensado para que él /ella lo lea, de esa manera al menos)
 1. Escribe, a partir de esa lista de rasgos, una Carta de Odio, o Carta de Resentimientos, dirigida directa e íntimamente a tu padre o a tu madre, según el caso, como si fuera una carta que le fueras a enviar, pero con la tranquilidad de que no es una carta para enviarle. Así que suéltate y escribe todo lo que aparezca, con la mínima censura de la que seas capaz. Estamos en la fase de soltar y abrir; luego ya se transformará, normalmente.
Pídele a tu compañía que se ponga a tu lado. No hace falta que haga nada especial, excepto estar contigo, establecer eventualmente un leve contacto corporal u ofrecerte su abrazo (sólo si tú se lo pides) en el caso de que te asalte la emoción intensamente y necesites - o simplemente desees - consuelo, contacto, sostenimiento corporal o reposo para dejarla salir. Pon frente a ti una silla con asiento acolchado o un cojín en donde vas a colocar imaginariamente a tu padre o a tu madre. Léele la carta en voz alta, muy despacio, pronunciando bien las palabras, y haciendo pausas y silencios ( y “entre - teniéndote” escuchando tu respiración, por ejemplo) Permite que tus palabras resuenen dentro de tu cuerpo como si éste fuera una caja de resonancia o un instrumento musical (como un violonchelo o un piano pongamos por caso) Te puedes acompañar, si eso no te distrae, con una música a un cierto volumen que sepas que a ti te suela conectar con lo emocional, que te toque el corazón. Siempre que no te distraiga en exceso. Pon atención a tu respiración, no intentes calmarla. Respira no por la nariz, sino con la boca entreabierta y las mandíbulas lo más sueltas que puedas. Permite que tu respiración crezca en intensidad, largura en la expiración, sonoridad, amplitud... y déjate intercalar - si es el caso - los suspiros, ayes, gritos, bufidos, alaridos, exhalaciones, gemidos... que te vengan.
Recupera de vez en cuando la conciencia de que frente a ti “está” tu padre o tu madre. Es posible que te vengan las ganas de golpear, tocar, abrazar, acariciar, escupir, morder, chupar... la silla o el cojín. Hazlo con el cuidado (ojo la compañía a los accidentes) de que seas capaz, pero sin restarle intensidad al asunto, buscando un punto de equilibrio entre ambas cosas.
Una vez hayas terminado (no hay prisa ni tiempo, aunque suele ser suficiente con 30-60 minutos) reposa, descansa (si puedes y sabes, mejor en brazos de tu compañía) No termines ni te quedes sol@ hasta que no estés segur@ de que has recuperado la conciencia ordinaria, y de que el contacto con el mundo normal y con los objetos de la vida cotidiana es como siempre (aunque es posible que notes algunas diferencias)
Deja pasar algunos días (y ten la precaución de asegurarte de que vas a encontrar compañía si la necesitas o la deseas durante ese tiempo) y escribe, en tu diario si lo tienes o practicas, o en alguna libreta o papel, todo lo que te vaya viniendo sin censura, sin intentar entender lo que escribes y, por supuesto, sin que tenga que ser nada lógico o razonable, o necesariamente “ bueno”. “Todo lo que te vaya viniendo” quiere decir escribir sin pensar ni releer lo que escribes. Por ejemplo escribir con la mano izquierda si tú normalmente eres diestr@; o simplemente escribir todos los pensamientos, emociones, imágenes, sueños, recuerdos, asociaciones, dibujos, gráficos, colores, refranes, escenas de películas o libros... que acudan a ti en el momento de estar escribiendo. Procurando controlar lo menos posible lo que escribes, vamos.
A veces no viene nada que escribir. No te asustes si te notas extrañ@. Insisto y te recuerdo que si la cosa sientes que se te va de las manos, quizás es un buen momento para solicitar una ayuda profesional, ocasional o no, o al menos una buena compañía amistosa y, sobre todo, competente.
Si sientes que te gustaría hacer una segunda pasadita, como cuando uno pinta una pared o barniza un mueble, tener una segunda oportunidad ahora que ya sabes de qué va, que ya has saboreado cuál es el color del asunto, date la ocasión si a ti te lo parece verdaderamente. Como se dice en los libros de auto-ayuda y en los manuales de instrucciones de los aparatos electrónicos o electrodomésticos: “vuelva usted al paso 4”. Es decir, date la posibilidad de hacerlo una segunda o tercera vez si lo consideras necesario u oportuno. Pero ten en cuenta que obsesionarse con algo implica un cierto grado de autoexigencia que suele ser incompatible con la actitud blanda de aceptación, necesaria para que este “no - ejercicio” funcione  adecuadamente. Quiero decir que la actitud requerida para que esto sea útil es más bien un dejarse encontrar, y no tanto un buscar algo en concreto.
Cuando hayan pasado unos cuantos días, por ejemplo una semana, más o menos, plantéate esta pregunta: ¿ no será el odio-resentimiento un deseo (¿necesariamente¿) frustrado... ¿ Es decir, déjate sentir el deseo hacia tu padre/madre que podría haber debajo, junto o antes del odio, antes de que el deseo fuera limitado, antes del dolor o de su negación a través de la rabia, la anestesia, el oscurecimiento anímico o el endurecimiento del corazón, por ejemplo.
 2. Desde esa perspectiva escribe (de la misma manera que lo hiciste antes) una Carta de Deseo al padre o a la madre, una carta que empiece por “Querido papá / querida mamá...” y en la que le puedas contar, con todos los detalles y circunstancias particulares posibles, tu deseo de él-ella. Deseo de todo tipo. De ser mirad@, acariciad@; de tocar, morder o ser mordid@, de chupar o ser chupad@, de jugar a pelearse.... sexual, genital, agresivo, místico... de compañía, de guía, lúdico, de ser acunad@ o de acunar. De jugar al ajedrez, a Barbie¥s o al fútbol; de compartir un paseo, de preguntar o ser preguntad@... de gritar; de hablar...
Haz con esta carta lo mismo que hiciste con la anterior. Date de nuevo la ocasión de revisitar la estación si lo consideras necesario, o si tienes la impresión de que pasaste demasiado deprisa o demasiado superficial o miedosa/tensamente; o porque tú lo decides así, simplemente porque te gustaría.
 Y 3. Repasa tu (s) relación (es) de pareja a la luz de lo sentido y experimentado en este proceso. ¿Alguna sospecha, idea o vislumbre..? Pistas: ¿Es posible que le estés pidiendo a tu pareja algo que le tocaría a tu padre/madre hermanita/abuelo/amiguito del alma...? ¿Qué ilusión caduca puedes estar intentando mantener, aún a riesgo de maltratar y quizás dañar, subrepticia o declaradamente, a quien se supone que amas o cuanto menos deseas (a tu pareja)...? ¿ A qué cosa muerta o caduca te podrías estar aferrando...? ¿Qué es lo que te puede estar costando (y necesitas) soltar, entender, vivir, preguntar, saber...? ¿ Cómo afecta eso a la vida cotidiana? ¿ Vale la pena el precio que estás pagando por ello en tu vida de pareja actual, o el que puedes estar haciendo pagar...?
No son éstas preguntas para ser contestadas, aunque a veces aparece repentinamente algún tipo de flash y entonces, claro, vale la pena aprovecharlo. Son más bien preguntas para interrogarse con ellas. Así como uno se abanica con un abanico se puede interrogar con preguntas. Asistiendo al proceso de escuchar lo que sale sin empujar hacia ningún lado y sin rechazar en principio nada de lo que venga, por extraño o absurdo que pueda parecer a primera vista. Respetando el proceso, dejando hacer al Maestro Tiempo. Haciendo más énfasis, al principio al menos, en la pregunta que en la respuesta o respuestas. Enfocando y destacando la Experiencia de Interrogarse, sus aspectos corporales, emocionales, racionales, icónicos, espirituales... Lo que sale en forma de pensamientos, de sensaciones, de emociones, de imágenes, de intuiciones, de razonamientos, de escenas...
Cómo alguien dice de la pintura de Miquel Barceló: “ En todo caso su preocupación no son los géneros, ni los materiales, ni las técnicas.(...) La cuestión es saber donde está cada uno, descubrir lo nuevo en lo viejo y lo viejo en lo novedoso, el substrato permanente en aquello que está sometido a un cambio acelerado y el cambio en aquello que parece inerte. Y saber qué hacer con todo ello.”[13]
 La clarificación progresiva de quién es quién, de cuándo es qué, de dónde es “donde...” es una manera de ir limpiando la pareja y dejándola ser (Let it be...) en toda su magnitud actualizada, puesta al día, en forma. Como un atleta en el momento del record, o en el proceso de entrenamiento de cara a una competición.
Si arribamos a ese puerto, y cada cuál tenemos los nuestros, y no suelen ser los mismos para todo el mundo ni en todo momento, honramos a la Vida, me parece, con lo que hemos venido creando a lo largo de nuestras pequeñas vidas del orden del deseo, del odio, del desamor, de la distancia, del aprendizaje, de la fusión, del amor... ¡de la creación¡ Y quizás entonces por ahí arriba a Alguien / Algo se le escape una leve sonrisa de complacencia... nos Mire, y nos otorgue quizás un leve suspiro en un hálito de Gracia. Oj-Alà...
“De cuando estuve loco aún conservo
el carné de majara en la cartera,
un plano detallado del infierno,
un cielo con pirañas y goteras.
un prontuario en la comisaría,
un frasco de pastillas de colores,
la carta con la que te despedías
y remedios varios contra el mal de amores.
(...)
Cuando rozo tus pétalos, nenúfar
que sobrevive en aguas estancadas,
saltan chispas, los cables se me cruzan,
se me sube el mercurio
y me salta la alarma.
(...)
Joan Manuel Serrat. “De cuando estuve loco”[14]
[1] James Bond, que le contesta a “ella”, la Chica Bond, en una escena de cama de la película “El mundo nunca es suficiente”.
[2] Aragon, L.: “Le passage de l´Opéra”. La Revue Européenne, juin-setembre 1924; citado  en  Varios: Le surréalisme et l´ amour. Pavillon des Arts. Paris. Ed. Gallimard. 1997. p.19.
[3] Garate, Obra citada p. 35.  #.  La cita es de Dor, J.: Introduction a la lecture de Lacan, vol.I, p.185
[4] Dor, J: Obra citada p.187. Citado por Gárate, I.:  Obra citada P. 36
[5] Rûmí: Mathnavi. Edicomunicación. Barcelona. 1990.VI, p.1967-1974
[6] No puedo por menos de evocar aquí el excelente trabajo al respecto que realiza Suzana Stroke en España y en otros países desde hace años. Lo que han contado aquellos de mis pacientes y alumnos que han acudido a sus cursos es siempre provechoso.
[7] Gibran, G. J.: El Profeta. (“Del matrimonio”) Gracias Annie y Paco por el texto... y por lo otro.
[8] VOX: Dicc... Obra citada, en www.diccionarios.com
[9] De Vitray, Obra citada p. 35-36.
[10] Peñarrubia, F.:  Obra citada. p. 127.
[11] Perls, F.: “Teoría y técnica de la integración de la personalidad” en Stevens, J.O. Esto es gestalt. Cuatro Vientos. Santiago de Chile. 1978, citado en Peñarrubia, P.: Obra citada p. 127. #.
[12] Por ejemplo en lo que se llama Taller de Relaciones Parentales, también conocido como Fisher, Fisher- Hoffman, Proceso HFN, Solaris... de dónde siento haberme inspirado principalmente para elaborar lo que cuento. Así como también, claro, en una parte del Taller de Sexualidad, trabajo intensivo que vengo desarrollando desde principios de los ochenta.
[13] Barcelò, M.: Obra citada p.27.
[14] Serrat, J.M: “De cuando estuve loco”. En Besos en la boca. Ariola -BMG.2003