Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

jueves, 3 de julio de 2014

DIFERENCIAS ENTRE VERGÜENZA Y CULPA. Un buen ejemplo....

... "L´Ange Dechú"  

( el Ángel Caído, literalmente, "desgarrado"...  )

de Cabanel. Museo Fabre. Montpèlier.




Lo erótico del ángel/joven, la vergüenza como prima hermana del deseo, la culpa como una trampa mental "hueca" vacía, que siempre esconde otra cosa: resentimiento, venganza.. 

La culpa en la cabeza, la vergüenza en el corazón, y el pudor en el bajo vientre.

"De tal manera que el trabajo con el dolor y el trabajo con la vergüenza, junto con el acceso y elaboración del vacío ( el “no-thing-ness” de Perls ), sean quizás las grandes vías de la psicoterapia profunda exitosa. En ambas son necesarios los dos instrumentos gestálticos por excelencia: el apoyo y la frustración.

La vía de la vergüenza - entendida ésta como lo que le pasa a una persona cuando contacta verdaderamente con su inocencia, con su “ alma”, con su ponerse realmente bella - necesita, sabemos, tanto de apoyo como de frustración.

Frustración de lo que va apareciendo en lugar de la vergüenza: las manipulaciones, la gazmoñería, el victimismo, el ataque, la rigidez, el pasteleo, la anestesia... Todo aquello con lo que la vamos ensuciando a cada momento. En el proceso psicoterapéutico el almacén de las estrategias de manipulación se abre y empieza a mostrarse. En la búsqueda de la blancura todo aparece con un punto, al menos, de color, que en ese contexto es muchas veces un punto de dolor, de rabia o de perplejidad. Aunque dejarse sentirlo ya es en realidad una manera de empezar a quebrar el automatismo. 

En la medida en que entramos en la nube empezamos a sospechar de todo. ¿ Será esto verdadero o falso?. El impacto de la sospecha puede no dejarnos discriminar, no dejarnos dar el siguiente paso que podría consistir en diferenciar realmente qué es cierto y que no, en ese momento, en cada episodio de contacto o en cada ocasión de insitgh. Una y otra vez. 

Aprender a sostener la ambivalencia de que el asunto sea la vez verdadero y falso; que haya al mismo tiempo eso automático que me despersonaliza y me que aliena ( y que daña y que me daña); y eso más genuino que me honra porque va desvelando mi esencia, la parte más limpia de mi mism@.

Y, cada vez, a bajarnos del burro, gritar, llorar y ( si sabemos y podemos) pedir perdón. Al otro, a la vida, a mi mism@. Y volvernos a subir enriquecidos de la cicatriz de la herida, instalada ésta para recordarnos el dolor de la experiencia cada vez que, automáticos, vayamos a repetir el mismo “gesto”. Aunque harán falta muchas idas y venidas a la cicatriz para que algo realmente se mueva. Quizás haya un día en el que el dolor de repetir el goce sea mayor que el propio goce, e incline la balanza del otro lado. O no. 

También necesitamos apoyo para sostener ese momento tan difícil, por normalmente desconocido, en el que un@ se siente inauditamente desnudo en cuerpo y alma... frente a otro. En los consultorios de psicoterapia suceden algunos de estos momentos. Momentos casisagrados en los que nos solemos entretener para no sentirlos plenamente: hablamos más de la cuenta, sonreímos nerviosos, quizás se nos caiga algún acting de los bolsillos...; las manos se nos podrían disparar hacia la cara para ocultarla si no fuera un gesto tan escandaloso, si no se nos fuera a notar tanto...

!Es tan difícil sostener la blancura!. Bueno, quizás tanto como la blandura. Su inmensidad puede ser pareja del instante de silencio que precede al trueno. Presencia, silencio o pocas palabras, corazón blando por parte del terapeuta para poder permitir esa experiencia en el paciente. No es fácil, si es honesto. Cuanto más desconocida sea esa experiencia para el terapeuta, más tenderá éste a llenar su angustia y su vacío con el llenado de la experiencia del paciente. Con lo cual la falseará más leve o más gravemente."

de "Clïnica Gestáltica...". Ed la Llave. 2001
 — en Musée Fabre de Montpellier.

El ángel llora... ( ¿es más vergüenza que culpa?)